domingo, 4 de septiembre de 2011
Pasando a limpio la vida
De joven, iniciaba el curso escolar con tantas ganas que pasaba los apuntes a limpio.
Al segundo mes ya no podía hacerlo, y ello me frustraba.
La vida es para mí un borrador. Hasta que no lo paso a limpio, no aprendo de mis errores. Ni de los vuestros.
Ahora, con cada actividad lo que paso a limpio son trocitos de mi vida. Y de paso creo que algo la de los demás.
Hoy, exceptuando algún borrón, ha sido un gran día. Y me alegra haberlo compartido con vosotros.
Nos vemos, pasando a limpio la vida.
martes, 23 de agosto de 2011
Confirmado, eres gilipollas
Hace un año por estas fechas llegó el momento de realizar las excursiones previas para el siguiente programa de senderismo, de forma que tenía que andar sí o sí. Consultada mi rodilla, vi que había más voluntad que poder real de hacerlo, así que me agencié una bici, diseñando rutas senderistas que fueran ciclables.
En tanto, comencé a utilizar la bici como medio de desplazamiento en mi vida diaria. Viendo que circulando por las aceras era un peligro peatonal, decidí correr el riesgo de ser yo el atropellado, lanzándome a la calzada como cualquier vehículo a motor, redescubriendo al ogro que llevamos dentro tanto conductores como ciclistas.
Gracias a la bici, he descubierto que cuando me tocan el pito me irrito, y mucho. Que el monstruito que llevo dentro no lo tengo tan domesticado como creía, hasta el extremo de no reconocer al energúmeno que se apodera de mí, enfrentándome al conductor de turno con palabras y gestos soeces que me avergüenzan una vez pasado el lance.
Mientras los conductores de vehículos en su mayoría, en carretera adelantan a las bicis de forma respetuosa; en la ciudad, especialmente a la salida del trabajo, se convierten en unos descerebrados que te pasan rozando el manillar, algunos acompañándolo de un bocinazo para que te apartes aún más. Como si en su casa no le fueran a guardar el plato de la comida o cena.
En una ocasión le hice la peineta al conductor que tras adelantarme peligrosamente dos veces en el carril Taxi-Bus de la Alameda, a modo de despedida me bocinó en la rotonda del Escudo porque no le había dejado adelantar una tercera vez, al colocarme en el centro del carril. El asunto no pasó de ahí. Bueno, mandó recuerdos para mi madre cuando le pregunté si su permiso de conducir lo había robado.
En otra ocasión, mal entré en la rotonda del muelle de Santa Lucía, rotonda muy amplia, con dos enormes carriles. El caso es que nada más entrar, un 404 que ya circulaba por ella, cuando pasa a mi altura pega un bocinazo que casi me tira del susto. ¡¡GILIPOLLAS!! Le grité con mucho sentimiento, con el pitido aún metido en el cuerpo. Él, pegó un frenazo y bajó la ventanilla imprecando frases tan poco ocurrentes como mal sonantes, deseándome todo tipo de desdichas, a lo que le contesté con sorna: Confirmado eres gilipollas.
Lo que ocurrió después resultó tragicómico, el tío siguiéndome Cuesta del Batel para arriba, diciéndome de to menos bonico, y yo respondiendo ¡Eres gilipollas y no te das cuenta! Total, que el conductor, cansado de repetir y oír la misma monserga, en la siguiente rotonda dio la vuelta y se fue por el Batel cuesta abajo. Eso sí, la última palabra tenía que ser suya. Y a lo lejos me gritó ¡Que sepas que eres un hijoputa!
No sé si por esas casualidades de la vida, tú, estimado lector resultarás ser uno de estos dos conductores. Te pido disculpas sinceramente y te hago saber que ahora controlo mejor estos arrebatos. Tomo aire profundamente, me muerdo la lengua y cuento hasta tres, aún a riesgo de envenenarme. Luego pienso que habrás tenido un mal día, que el jefe te habrá machacado, que tu mujer no te da bola, que tu economía está chunga, que… te comprendo.
No obstante debes saber que aunque no te responda, cuando me toques el pito pensaré que además de desgraciado, eres gilipollas.
GILÍ. adj. fam. Tonto, lelo.
POLLA. f. Gallina joven que aún no pone huevos.
GILIPOLLAS. Aprendiz de tonto. Tonto cobarde.
lunes, 8 de agosto de 2011
Verdades que duelen
Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo.
No tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro...
No voy a sentirme mal, si algo no me sale bien,
he aprendido a derrapar y a chocar con la pared.
Que la vida se nos va, como el humo de ese tren,
como un beso en un portal, antes de que cuente diez.
Fito Fitipaldi
Cuando eres joven, nadie te dice que lo eres. Es tan obvio, que expresarlo resulta una tontería. Cuando envejeces, la cosa cambia.
Esta mañana, un cliente que no veía hace mil años, me dice así, de sopetón y sin anestesia previa: “Estás más viejo”
Ha sido un comentario inocente, al hilo de una conversación intranscendente. Hecho con toda naturalidad, sin intención de fastidiar, pero precisamente por eso mismo, duele más.
Pillado con la guardia baja, me ha dejado tan aturdido que he tenido dificultad para presentarle los diferentes tipos de calentadores por los que estaba interesado. En vez de agua sanitaria, lo único que bullía en mi cabeza era la palabra “Estás más viejo, estás más viejo, viejo…”
Y es que uno se acostumbra a oír frases como “¡Qué bien te veo! ¡Chico, estás igual!”, y sin darte cuenta las vas creyendo, habituándote a ellas como si fueran ciertas. Hasta que un día, viene alguien y te recuerda que sólo son expresiones, más fruto del deseo, del cariño o cortesía, que de la realidad.
Al salir del trabajo me encuentro con unas amigas, y tardo algo menos de un segundo en contárselo. Ellas me consuelan diciendo que es lógico ese comentario, si esta persona hacía mucho tiempo que no me veía. Me curo la herida con el bálsamo de sus razonamientos, y me voy más tranquilo a casa.
Como terapia, me pongo a escribir. Pienso que hace diez años este comentario no me habría inmutado. De hecho, creo que nunca me lo hicieron porque ni me faltaba el pelo, ni me sobraban las canas que ahora peino.
Veo en la tele cómo unas adolescentes llaman viejo a un chico de veinticinco. Recuerdo cómo en el hotel de Mojacar llamábamos viejos al grupo del Inserso que sobrepasaban en algo más de diez años nuestra edad.
Hoy he recibido la primera dosis de la vacuna “Acepta tus arrugas y las limitaciones de tu cuerpo para afrontar felizmente la vejez”. He comprendido que aunque duela, es bueno que de vez en cuando, te canten las verdades, para no vivir como Peter Pan en el mundo de Nunca jamás.
Soy consciente que al final, lo importante no son los años de vida, sino la vida de los años. No obstante, como tú y yo ya lo sabemos. Si eres de los amigos que nos vemos de uvas a peras, cuando nos encontremos…
Por favor ¡Miénteme!
jueves, 28 de julio de 2011
Eres lo que escribes. Eres como escribes
"La gramática
es más perfecta
que la vida.
La ortografía
es más importante
que la política.
La suerte de un pueblo
depende del estado
de su gramática."
es más perfecta
que la vida.
La ortografía
es más importante
que la política.
La suerte de un pueblo
depende del estado
de su gramática."
“Eres lo que escribes, eres como escribes tiene como propósito impulsar el español... Escribir desde la libertad que nos da el blog, con la responsabilidad de mantener un idioma vivo y vivaz, lúcido y lúdico, vuestro y nuestro.”
“Escribimos como somos para que los demás sepan nuestras circunstancias en la realidad que nos tocó vivir, para que los otros, nuestros cómplices, nuestros semejantes, sientan lo que nosotros padecimos o gozamos en un momento específico de la travesía humana. Y para ser veraces hay que ser precisos. Y para decir las cosas por su nombre hay que darle su valor a las palabras, peso a la escritura, razones a nuestro discurso. Al escribir nos desnudamos. Al leer somos testigos, voluntarios o involuntarios, del desnudamiento de nuestros semejantes. En cada texto está algo más que lo que quisimos decir: está nuestra educación, nuestra ideología, nuestra perspectiva del mundo.” Publicado por Gabriel Trujillo
Haces unos meses llamé a Ana, mi Guía preferida. Todo emocionado le conté la idea de realizar una visita por la ciudad rememorando las vicisitudes de los cartageneros durante la Guerra Civil. A lo que ella contestó: -Buena idea, preséntamela por escrito, ya te digo algo-.
Me puse a escribir un esbozo de proyecto, en base a la nebulosa de ideas vagas e inconexas surgidas de diferentes lecturas, y desistí. No veía cómo darle forma. Hasta que unos meses después, con la ayuda de Ana conseguí concretar las ideas con matices que al principio ni podía imaginar.
Entonces recordé una preciosa lección de mi profesora de Teoría de la Educación. Esta nos venía a decir: La lectura por si sola te proporciona una estructura de verbalización, un protocolo de comunicación, pero solo leyendo, no desarrollas tu espíritu crítico, ni tu sentido común, ni tu lógica de razonamiento. La simple lectura sólo consigue gente más instruida, pero no más inteligente.
La lectura por si sola, no te ayudará a solucionar los problemas de tu vida. Es necesario el ejercicio de reflexión y posterior estructuración de tus ideas en base a lo leído, para el crecimiento personal. Y la mejor forma de hacerlo es intentando plasmarlo por escrito.
No se, si darle vueltas a las cosas me hace más inteligente. Pero soy muy feliz compartiendo mis experiencias, regalando reflexiones.
Creo que es cierto, al final somos lo que escribimos. Somos como escribimos.
lunes, 25 de julio de 2011
Adiós a Amy Winehouse
Decimos que, es ley de vida, cuando alguien muere de viejo. Desafortunadamente Amy se ha muerto de joven.
A veces, la vida es injusta. Uno piensa que cada cual labra su futuro y recoge los frutos cosechados. Pero no, la muerte de tantos jóvenes artistas no es casualidad. Alguien ahonda los surcos de la perdición, abonándo el terreno para que broten grandes genios, que sin una sólida educación para tal tipo de vida, sin un referente, caen rápidamente, precipitándose en barrena por un abismo negro, sin darse cuenta, que siempre van detrás, persiguiendo un inalcanzable destino. Hasta que extenuados, dicen ¡basta!
Y se acabó.
Descansa en paz Amy.
Por cierto. Te alegrará saber que Dios tiene esta canción en su IPod.
sábado, 23 de julio de 2011
Cosas que hacen que la vida valga la pena. Los Amigos
Anoche descubrí una de las cosas que más molan en este mundo: Que te inviten a una fiesta a ciegas. Tú piensas que vas a tomar unas tapas con unos cuantos amigos y te encuentras de sopetón a medio club y parte del otro cantando y aplaudiéndote sin saber por qué. El subidón es tal, que no sabes qué hacer o decir.
Una vez superado el momento ¡tierra trágame!. Con cara de circunstancia, entre alucinado y sorprendido de ver tantos amigos, piensas: ¡No puede ser! Esto no puede estar pasándome a mí, y terminas como Mourinho preguntándote, ¿por qué?
Pasados estos segundos, intentas buscar refugio en la trinchera de tu asiento, pero camino de ella empiezas a ver gente que ni te podías imaginar, como mis hijos y los compañeros más veteranos del club. Te lías a saludar uno a uno, y entonces caes en la cuenta del mutuo aprecio que existe, el cariño que hay detrás de tantas horas de marcha compartida.
Ya sentado, no me entraba ni la hoja de lechuga, de cómo tenía el estómago de estresado. Hablando con Blas, fue pasando la tensión inicial y comenzó el disfrute de una velada inolvidable por la autenticidad de las expresiones de afecto que recibía con quien hablara. ¡Jo! me sentía diez centímetros más alto, más guapo y delgado.
Tras la cena llegaron los discursos, el vídeo sinóptico con las últimas andanzas en el Club y las despedidas hasta septiembre. A día de hoy, la cara de flipado aún no se me ha ido. Ya no sólo por el reconocimiento –que no homenaje, como muy bien matizó Aniceto-, sino también por el buen rollo que se respiraba y la cantidad de gente guapa, moderna y con ganas de pasarlo bien, que allí nos juntamos.
La respuesta está en el viento. A veces la pasión ciega al entendimiento. A veces es más bello ver y mirar con el corazón que con los ojos o la razón. Así me lo tomo. No me lo merezco, pero bienvenido sea.
Gracias amigos, gracias de corazón.
Acabáis de darme un motivo más a la lista de cosas que hacen que la vida valga la pena: Vosotros.
domingo, 17 de julio de 2011
Cosas que hacen que la vida valga la pena. La Bici
La bicicleta ha marcado mi vida. Recuerdo que con tres o cuatro años regalaron a mi hermana un nuevo triciclo mucho más bonito que el mío. Anduve toda la mañana delante y detrás de ella a ver si me lo dejaba probar. Viendo que no había forma, se lo arrebaté en un descuido. La foto refleja esa huida, consentida por mi madre cámara en mano, y a mi hermana Pilar llorando tras de mi. Ese corto paseo, fue una pasada.
Aprendí a montar en una enorme bici de recovero. En ella me dejaba caer cuesta abajo, empujándola con un pie y apoyando el otro sobre el pedal; hasta que un día, no se cómo, se me ocurrió sentarme en el cuadro y menuda sorpresa ¡No me caía! Ese momento fue maravilloso, único, irrepetible.
La bici era tan grande que desde el sillín no llegaba a los pedales, por lo que mi trasero iba sobre la barra del cuadro. Además, como tenía rotos los frenos, reducía la velocidad pegando la suela del zapato a la rueda trasera, consiguiendo más adelante derrapes y cabriolas espectaculares, con algún que otro revolcón, todo sea dicho.
A los once años me compraron una Orbea Cadete color granate, nuevecita flamante y a mi medida. Con ella recorrí diariamente los nueve kilómetros que separan las Palas de la Pinilla para ir a la escuela. Entonces, las carreteras eran pistas empedradas y cuando llovía los surcos de la misma parecían arroyos, llegando en ocasiones al extremo que la carretera no se veía.
A mitad de camino paraba a beber agua en una boquera de tierra frente a la casa de la Grilla, lugar donde perdí uno de los guantes de piel recién comprados en almacenes Lepanto. Para evitar la reprimenda, lo oculté a mis padres, así que me pasé todo el invierno conduciendo la bici con una sola mano, para que la otra no se helara.
Al regreso de la escuela, tras la comida aprovechaba el poco tiempo libre que tenía para ascender hasta la Cuesta de los Ruices y dejarme caer hasta Tallante. La gozada de descender a to trapo, trazando las curvas y por carretera asfaltada, es indescriptible.
Choca ver como antes buscábamos el asfalto, mientras que ahora huimos del mismo.
Tras la adolescencia llegaron las chicas, el fútbol y la montaña; así que abandoné la bici hasta la treintena que me regalaron una de montaña. Gordo y fofo pretendí emular viejas glorias. Sin premeditación me piqué con Nacho un amigo de mi hijo, descendiendo temerariamente desde Tentegorra hasta el PRYCA, sorteando a una velocidad endiablada los pinos del circuito “Colacao”. Ganó él, por muy poco. De regreso a casa, intente saltar una zanja, tal como anteriormente había visto hacerlo a dos jóvenes. Tomé velocidad y al llegar a la misma, la rueda delantera no ascendió, se clavó y salí volando por encima del manillar aterrizando con la frente y nariz que arrastré por el suelo. Fueron décimas de segundo, noté perfectamente cómo arrastraba la cara por el suelo, sabía que estaba jodido y que no había vuelta atrás. Entonces descubrí que son ciertas "las estrellitas" que dibujan en los tebeos representando el estado de shock. Tras la recuperación, no regresaron las ganas de subir en bici.
Tuvo que ocurrir otro accidente para volver a coger la bici. Sin poder caminar, la bici fue la solución para realizar excursiones a la vez que cambiar el estilo de vida en la ciudad. Pero esa es otra historia, que titularé: Confirmado, eres gilipollas.
Así que a pesar de los diversos incidentes y accidentes, montar en bici, para mi, ha sido y es una de las cosas que hacen que la vida valga la pena.
Así que a pesar de los diversos incidentes y accidentes, montar en bici, para mi, ha sido y es una de las cosas que hacen que la vida valga la pena.
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